Maggie Rogers
/ ‘Heard It In A Past Life’

POR JESÚS CÁMARA | REVIEWS | 18.1.19

Pharrell Williams nos daba a todos un poco igual hasta hace cinco años, cuando su hit ‘Happy’, concebido para una famosa franquicia de criaturas de forma ambigua, amarillas y con tirantes, se convirtió también en banda sonora de innumerables e insufribles vídeos escolares, dedicatorias y flashmobs que nunca habríamos querido ver. Sin embargo, Pharrell, tras años de intentar reparar el daño causado a la humanidad, nos dio algo que ha compensado casi con creces los traumas originados por los minions y su diabólica oda al optimismo. Hace casi 3 años, Pharrell nos descubrió a Maggie Rogers. Gracias al viralizado vídeo de Pharrell reaccionando a la maqueta de ‘Alaska’ durante una master class en la University of New York, pudimos averiguar dos cosas: que no tiene tan mal gusto musical como las producciones para el último disco de Ariana Grande parecen indicar, y que la tapa – de madera, ornamentada y seguramente muy antigua – que ocultaba a Maggie Rogers había sido levantada para siempre.


Precedido por ‘Now That The Light Is Fading’, un espléndido EP que suena a ocasos y lagos llenos de juncos, ‘Heard It In A Past Life’ da nombre al debut de Rogers, 12 canciones que a ratos parecen demasiado maduras para venir de una debutante de 24 años. Su voz, al igual que sus letras, es inconfundible, potente y clara, lo que hace que hasta la más genérica de las pistas del disco suene a clásico en potencia. Los tintes country o más tradicionales que se entreveían en su estética, el sonido de los primeros adelantos y su formación musical (su instrumento es el banjo), parecen diluirse en la mayor parte del álbum, pero la producción y el sonido general de éste sí que permanece clásico y poco experimental, a excepción de la presencia más digital de algunos sintetizadores en pistas que podemos contar con los dedos de una mano
. Cabe destacar que la producción corre por su propia cuenta, junto con Greg Kurstin, productor de un par de canciones independientes y poco conocidas como ‘Hello’ de Adele, ‘Chandelier’ de Sia o ‘Burn’ de Ellie Goulding.


‘Give A Little’, la pista que abre el disco fue a su vez la última en escribirse, y destaca especialmente en los versos, constituyendo según su autora una ‘segunda oportunidad para presentarse’. La sigue la que sin duda es una de las grandes estrellas de este debut, ‘Overnight’, con un dinamismo rítmico y melódico que remata un vocal synth con vibratto en los estribillos. ‘The Knife’, la tercera pista, apunta en una dirección para disparar en otra diferente constantemente, con un bajo inicial que recuerda a Thieves Like Us y que cruza cada verso para dar paso a unos arpeggios que marcan unos estribillos brillantes, enmarcados por un piano que entra en el segundo verso de forma dramática y sublime a partes iguales. ‘Burning‘, aunque chispeante y estratégicamente ubicada en el tracklist, resulta plana y no termina de dar de si en los estribillos, echando en falta ese movimiento en las melodías que hace brillar a ‘Overnight‘.


A los singles (‘Alaska’, ‘On + Off’, ‘Fallingwater’ y ‘Light On’) se les acusaba -yo les acusaba- de no aportar diferentes perspectivas, por lo que habitaba en mí el miedo de que el disco acabase siendo plano; no es el caso, al menos no dentro de lo que cabe. Pistas como ‘Say It‘ y ‘Retrograde‘ mantienen los elementos comunes a todo el disco pero añaden un sabor retro que recuerdan a cortes de finales de los 90 o principios de los 2000. En esta última además podemos encontrar un registro vocal más que interesante que escasea en el resto de canciones, pero que se deja ver en ‘Past Life‘, el tema central del disco, el más crudo y uno de los que eleva por completo este debut. Bajo la forma de una balada de piano que parece a medio hacer, incluso en el tratamiento técnico del sonido, ‘Past Life‘ narra una percepción casi fantasmagórica o extracorpórea de su realidad que culmina en ‘Back In My Body‘, el tema que cierra el album con un ritmo que llama a lo incansable y que reza “I found myself when I was going everywhere, this time I know I’m fighting, this time I know I’m back in my body”.


Aquellos que hayan seguido o conozcan mínimamente a Maggie Rogers se habrán dado cuenta de que su forma de entender la música, de interpretarla y de referirse a ella evoca al pasado; como si realmente las canciones que se recogen en su debut las hubiese oído en una vida pasada y nos hubiera hecho el enorme favor de traerlas de vuelta. Traídas de mano y voz de una compositora, productora e intérprete genuina y de una transparencia tan escasa que casi da miedo.