‘Un Nuevo Lugar’ de Amaia es una canción minimalista pero no por las razones que crees

POR JORGE MERCHÁN | REVIEWS| 21.12.18

Amaia Romero (considerada con bastante consenso la mejor persona de España) ha sacado single. Y lo mucho que hemos esperado, la estética de la portada (pareciendo el Sr. Burns en el capítulo de Expediente X) y que sea Navidad, ha convertido este lanzamiento en un evento casi mesiánico.


Esta segunda venida de Jesucristo, en cualquier caso, ha quedado un poco desinflada por algo que hizo saltar las alarmas: ‘Un Nuevo Lugar’ dura 1:40. En un panorama donde los tempos y las estructuras de las canciones están definidos para una duración en torno a los 3 minutos, cualquier cosa que se aleje de eso (por debajo o por encima) ha dejado de parecernos una canción. Se ha dicho que es un una intro para su álbum, un episodio intermedio, una canción muy conceptual, una obra minimalista, que si la ha sacado para trolearnos… Parece que estamos esperando a “la canción de verdad”, como que esta no cuenta.
Vamos a analizar entonces “Un Nuevo Lugar”. A ver si es una canción que cuenta. Vamos a ver si su duración se debe a la propia concepción de la canción, y por el camino, vamos a aprender lo que es el minimalismo en la música y diferenciar un acorde mayor de uno menor. Todo gracias al minuto cuarenta de Amaia.


El minimalismo, según la RAE, es una tendencia estética que busca la expresión de lo esencial eliminando lo superfluo. El minimalismo en pintura lo tenemos bastante identificado (son los cuadros esos que pensamos “que podríamos haber pintado nosotros”. Todos hemos querido decorar nuestra habitación o nuestro feed de Instagram de una manera minimalista en algún momento de los cinco últimos años. Probablemente alguna web esté pensando un artículo llamado “Descubre el minimal-living, la nueva tendencia millenial de no tener cosas en propiedad”, buscando que te parezca cool el salario mínimo que recibes. Pero esta es una web decente, así que hablaremos de minimalismo musical. Y como podréis anticipar, hay una concepción errónea de lo que esto significa, si por el hecho de que una canción dure 1:40 ya la estamos considerando una propuesta minimalista.


El minimalismo en música:

 

En 1952, el compositor vanguardista estadounidense John Cage estrena 4:33, una obra para piano donde a lo largo de la pieza, el pianista no toca una sola nota porque todo lo que hay escrito en la partitura son silencios. Al pasar 4 minutos y 33 segundos, el pianista se levanta y saluda al público y ante las (imagino) incrédulas caras de los asistentes, abandona el escenario.
En 1987, el también americano Philip Glass (conocido entre el gran público por sus bandas sonoras para Las Horas, El Ilusionista o El show de Truman) compone su concierto para violín solista y orquesta.


Sobre el papel, la obra de Cage se encuadra dentro de lo que entendemos como minimalismo: un solo instrumento que no produce sonido alguno, realmente no hay nada más mínimo. En el concierto de Glass tenemos a casi un centenar de personas produciendo sonidos durante media hora. No es lo que identificamos como minimalismo, hay cantidad, hay longitud, suena como una maldita banda sonora de una peli de Jean- Pierre Jeunet.


Sin embargo, es el concierto de violín el que se encuadra dentro de una sonoridad minimalista, mientras que la obra de John Cage está envuelta en un eterno debate sobre si es música, performance o una tontería. Pero es una tontería que no se le había ocurrido a nadie hasta entonces y de la cual llevamos más de 50 años hablando y figurando en todos los libros de historia de la música (hay covers de orquesta, grupos de death metal y hasta gatos disponibles en youtube). 4:33 puede ser muchas cosas, pero no música minimalista. Entonces, si el minimalismo en música no depende de dimensiones o de cantidad de músicos en un escenario, ¿de qué depende?


En la pintura minimalista, no influye cuánto de grande es el cuadro, importa lo que hay pintado. De igual manera, a veces se nos olvida que lo que importa en la música es la música: lo que suena.
Escuchando el concierto de violín de Glass, tendrás una cierta sensación de mareo, de círculo, de repetición, especialmente cuando empieza a sonar el violín (0:20) que se dedica a repetir una y otra vez los mismos motivos rítmicos y melódicos. No hay un desarrollo claro, no hay temas o estrofas, es todo un desarrollo circular una y otra vez.

El minimalismo en música es eso: repetir y usar de manera casi obsesiva las mismas sonoridades, sin desarrollarlas más que por acumulación.
La canción de Amaia es minimalista por estos factores. No es minimalista porque tenga una duración de 1:40, ni porque esté instrumentada de una manera muy íntima (ella, su guitarra y un par de efectos de producción en momentos concretos), ni porque su voz “suena así como delicada”. Un Nuevo Lugar es minimalista porque usa los elementos musicales (armonía, melodía, ritmo) de una manera minimalista.


El minimalismo de Un Nuevo Lugar
Como ya hablé en mi anterior artículo, la armonía (aka los acordes) es la base de nuestro lenguaje musical. Los acordes de una obra definen su esencia. Por ello no necesitamos analizar el ritmo, melodía o producción de la canción de Amaia para establecer su estética minimalista. Solo tenemos que observar (escuchar) sus acordes.


Amaia usa únicamente dos acordes en toda la canción, que son presentados en su intro. Un acorde de Fa# Menor (F#m) que dura 6 beats, y otro de Sol Mayor (G) que también dura 6 beats. Tras escucharlos, se vuelven a repetir (llevamos en total ya 24 beats, 8 compases) y Amaia empieza a cantar. La estructura armónica de la pieza ha quedado definida.

El primer acorde (F#m) es un acorde menor. Un acorde, en su versión más básica, está formado por tres notas: La base (Fa#), otra nota a distancia de quinta justa (Do#) y una tercera. Las terceras pueden ser mayores o menores, dependiendo de cuántos semitonos hay entre una nota y otra. Si hay cuatro semitonos (aka tres teclas de piano entre ellas) es una tercera mayor, pero si hay tres semitonos entre ellas (aka dos teclas de piano entre ellas) es una tercera menor. En el acorde de Fa# menor, hay tres semitonos de distancia entre el Fa# y el La (2 teclas de piano), por ello es un acorde menor.

En cambio, en el acorde de Sol Mayor, hay una quinta, Re (la quinta es invariable, siempre está a una distancia de tres tonos y un semitono aka 6 teclas de piano entre medias) y la tercera, Si, que está a cuatro semitonos de distancia de Sol, por tanto es una tercera mayor (si fuese una tercera menor, en vez de Si sería Si bemol).

La cuestión es que en esas terceras está la diferencia entre los acordes mayores o menores. Los acordes mayores solemos asociarlos a alegría, brillo, a Miriam quedando tercera finalista. En cambio los acordes menores se asocian a algo triste, introvertido, oscuro, a Cepeda eliminando a Raoul.

Y Amaia nos da la oportunidad perfecta de identificar esa diferencia de sonoridades en su canción, pues la armonía de Un Nuevo Lugar está basada en ese contraste entre un acorde menor y un acorde mayor.
En la primera estrofa, las palabras ‘un nuevo, que no sé donde están, os veo, me da un poco…’ están cantadas sobre el acorde menor. En cambio, ‘donde hay cuatro paredes, a través del cristal, miedo…‘ están cantadas sobre el acorde mayor.

La diferencia de sonoridades entre ambos acordes suena muy clara, empezando con el acorde menor, y cuando suena el acorde mayor tenemos una sensación de que la música se abre, brilla, sube. Cuando vuelve a sonar el acorde menor, sentimos que la intención de Amaia se cierra, la sonoridad se oscurece un poco.

Y Amaia juega con esos dos acordes toda la canción, con ese paso de “sad/happy”,“frío/caliente”, “abril/cerral” durante toda la canción. Es una repetición obsesiva, circular, sin desarrollo. No hay relación de tensión/dirección en los acordes, así que las funciones tonales (de las que hablamos en el análisis de Suncity) se difuminan (ninguno es subdominante o dominante del otro). Además los acordes están invertidos: en el bajo está la quinta, el acorde está al revés (y como el cuadro de Manila Luzon en el primer episodio del All Stars 4, no sabemos muy bien qué es pero sabemos que es algo). Repetir acordes no convierte automáticamente a algo en minimalista, pero esa repetición sumada a unos acordes desprovistos de relación tonal entre ellos y que además están al revés (invertidos) sí que le dota de un carácter minimalista: tenemos la sensación de que no existe nada más allá de esos dos acordes.

La progresiva acumulación de sonidos y motivos siendo repetidos (los acordes iniciales, la melodía de la letra de Amaia en la primera estrofa, los coros y la producción del 0:35, y la simultaneidad de todos los elementos en los últimos 30 segundos de canción) es todo un procedimiento musical propio de la música minimalista. La obra se crea por acumulación de repeticiones, no por el desarrollo de unas ideas. Esa idea de no desarrollo, de incertidumbre, potencia absolutamente el mensaje de la letra de la canción. Como ya dijimos en el análisis de Suncity de Khalid, los músicos utilizan su lenguaje de la mejor manera posible para transmitir su mensaje, y la elección de Amaia para ello fue esta técnica minimalista.

Realmente si la canción durase más tiempo esa repetición haría que perdiese todo su sentido. La técnica que ha usado Amaia para componer esta canción hace que 1:40 sea la duración lógica de ella.

Esta idea de minimalismo y repetición se puede ver de una manera visual en como Amaia eligió interpretarla en la Gala Final de OT2018, con un juego de pedales que le permitían hacer loops de lo que ella había tocado. Es decir: te grabas mientras tocas y lo dejas repitiendo en un altavoz, así puedes seguir tocando otras cosas, melodías o acompañamientos mientras suenan los acordes que ya habías tocado (porque solo tenemos 2 manos y 10 dedos, y una sola persona no puede tocar tantas cosas a la vez).

 

En el minuto 1:03 y el 1:16 de su vídeo de la actuación se puede apreciar gracias a un primer plano (de las pocas veces que la realización de OT hace algo bien). Amaia está punteando una melodía mientras suena el acompañamiento de los acordes con el que se inicia la canción. Esto no se debe a que hay un playback sonando, si no a que Amaia está tocando con unos pedales que le permiten grabarse y hacer loops. En otras palabras, Amaia hace su propio playback mientras toca, porque todo lo hace bien, hasta componer música minimalista.

Jorge Merchán
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